Séptimo centenario de la Navarrería Rafael Arrizabalaga
MIRADAS A LA HISTORIA El autor recuerda que hace 700 años que se inició la repoblación de la Navarrería, el barrio de Pamplona más próximo a la Catedral y que había quedado completamente destruido (excepto la seo) durante la guerra de 1276
ESTOS días, la Navarrería de Pamplona cumple 700 años desde que inició su repoblación en 1321.
“Habríais visto destruir la Navarrería de tal manera que no podíais estar bajo un techo ni un mes; antes bien podríais cortar hierba y sembrar trigo”. La célebre frase del poema de Anelier ilustra con claridad en qué estado de destrucción quedaron la ciudad de la Navarrería y el Burgo de San Miguel tras la llamada guerra de la Navarrería de 1276.
Se hicieron varios intentos repobladores que no llegaron a materializarse pero todo cambió en el verano de 1319, cuando se reunieron en la corte de París el autoproclamado rey de Navarra Felipe II el Luengo (Felipe V de Francia) y el obispo de Pamplona don Arnalt de Barbazán en representación del capítulo de la Catedral de Pamplona. Ambas instituciones firmaron una concordia sobre la jurisdicción de la ciudad. Un año después el rey cursó orden a su gobernador para que se cumpliese el acuerdo y en el verano de 1321 se iniciaron las obras de urbanización tras 45 años de total abandono.
Muy pocos edificios debieron sobrevivir a la desolación, entre ellos la Catedral románica que mantuvo su actividad e incluso comenzó la construcción del fantástico claustro gótico que hoy podemos visitar. Del resto de edificios nada sabemos, salvo que se mantuvieron algunas iglesias (Santa Cecilia, San Prudencio y San Tirso), algunas casas de eclesiásticos junto a la catedral y poco más. También sabemos que sobrevivió parte del recinto amurallado.
Una vez firmado el acuerdo, y salvados los diferentes escollos que se fueron presentando, tocaba el turno de poner en marcha el equipo técnico necesario para conseguir el objetivo, con dos funciones principales: llevar a cabo las obras de urbanización, y vender los solares resultantes. Para ello se nombraron dos comisarios: Simón Martínez abad de Baigorri y Pedro Lópiz de Tajonar, quienes redactaron (con fecha 1 de enero de 1322) el primer registro que definió los pagos de las rentas de las parcelas de 1321.
De este primer censo se extrae la siguiente información:
Sancho de Sarriguren y Pedro del Poz fueron los encargados de señalizar los viales y delimitar las parcelas residenciales (“mesurantibus vicos et domos ciuitatis Nauarrerie Pampilone”). Empezaron a trabajar el 20 de agosto de 1321, terminando su labor el día 8 de octubre de ese mismo año.
A los carpinteros Pedro de Olayz y Martín Roderii de Sancto Martino, les pagaron un salario de 16 días por hacer estacas.
En el siguiente apunte se abona la madera necesaria para fabricar las estacas (“Pro 23 duodenis lignorum vocatorum barzas”).
Una cuadrilla de 11 hombres fue la encargada de realizar la calçata de las calles.
También se incluyen los gastos ocasionados por un viaje que realizaron los comisarios a Olite para reunirse con el gobernador, quien les comisiona para que inicien la construcción del chapitel.
Finaliza con el pago de las nóminas de los comisarios y los gastos de tinta y pergamino “pro libris compoti”.
Las intenciones urbanísticas quedaron escritas en el documento denominado Privilegio de Carlos el Calvo, escrito en Paris y fechado en junio de 1324. En el documento se menciona el principal objetivo del rey “que desea que esta ciudad se pueble de modo y forma en la que está iniciada la empresa” y describe una serie de calles que unen la catedral con el burgo de San Nicolás, el hospital de San Miguel con la iglesia de Santa Cecilia y el portal donde los caballos bajaban a abrevar (actual portal de Francia) con la puerta de la Galea.
Las calles ya están trazadas y se han distribuido las parcelas en el nuevo entramado urbano que, en gran medida, ha perdurado hasta nuestros días.
Al primer conto de 1321 le siguieron otros 42 censos que se conservan en el Archivo General de Navarra. Se trata de un conjunto de registros clave para entender lo que ocurrió durante los años de repoblación: se van a arrendar las parcelas (plateas o plaças) y van a ser documentadas en censos anuales.
Lo primero a tener en cuenta es que todos estos registros mantienen un escrupuloso orden en la colocación de las calles y una meticulosa sucesión de nombres de las personas que van a realizar cada pago. No están colocadas sin más. El abad de Baigorri inició en 1321 un método que se repitió sin alteración hasta el último de los contos de la Navarrería en 1369, y termina ese año porque el rey Carlos II vende las parcelas a sus vecinos.
La cuantía a abonar se hacía en función de la superficie de parcela que se adquiría, pagando las calles más atractivas 6 dineros, las de interés medio 4 y el resto 2 dineros anuales, en una fórmula relacionada con el codo como unidad de medida. Sirva como ejemplo una de las primeras parcelas registradas: “De platea Garssie Sancii de Garralda, VI s”, 6 sueldos que equivalen a 186m2 de terreno correspondiente al actual solar de la calle Curia nº18. En pocos años se fueron ocupando todas las plateas disponibles y la ciudad se repobló de forma ordenada.
Físicamente la Navarrería se dividió en dos sectores residenciales: los barrios cristianos y la judería. También se incluyeron espacios de actividades comerciales: como el chapitel y la alcaicería.
Tras la expulsión de los judíos en 1498, los terrenos de la judería se ocuparon con nuevas edificaciones que destruyeron la anterior trama urbana.
De los 13 vicos, barrios, rúas o calles en que se dividen los registros de contos de los barrios cristianos de la Navarrería, actualmente podemos pasear por la mayoría de ellos: El vico Maiori o rúa Mayor se corresponde con las actuales calles Curia y Mercaderes, el barrio de “Areis” o “Las Eras” es la actual calle Estafeta, el “vico Meiano” o Mediano se corresponde con las calles Calderería y San Agustín, el barrio de “Englentina” son las calles Compañía y La Merced, “San Martín” era la actual calle Tejería, el barrio de la “Mulatería” corresponde a la actual calle Mañueta, “Santa Cecilia” comprendía la manzana entre las calles Curia y Navarrería y los últimos números impares de la calle Navarrería, “Peregrinos” abarcaba el resto de números de la calle Navarrería y la totalidad de la calle del Carmen, “San Pedro” era la calle Dos de Mayo y, por último, el barrio de “Cimiterio” corresponde con la Plaza de San José y la calle Redín.
Con las mejoras de la fortificación de la ciudad promovidas por el rey Carlos II en 1363, se perdieron los barrios de “Çuriburbu” (situada en parte de la Plaza del Castillo) y “Altalea” (con un trazado muy similar a la actual calle Santo Domingo). Por último, el barrio “Sant Meteri” o San Emeterio, era una calle que estaba situada en el actual Departamento de Cultura del Gobierno de Navarra (anterior Escuela de Empresariales), con un trazado que nacía en la puerta de la catedral y llegaba hasta el actual paseo del Redín.
También desaparece el chapitel y las tiendas de su alrededor, junto con el castillo de Luis Hutín. Las casas de la actual calle Chapitela y parte de la Plaza del Castillo se construyeron en estos terrenos.
Recientemente se ha publicado un primer artículo en la revista Príncipe de Viana y están pendientes de publicación otros dos más, que desarrollan todo el estudio de investigación que aquí se expone superficialmente. El trabajo recoge una extensa labor de búsqueda y localización de cada vecino referenciado en los registros medievales, para ubicarla físicamente en las calles actuales de la Navarrería. El resultado final es fantástico porque nos permite descubrir el nombre de sus primeros habitantes.
Hoy podemos celebrar que la Navarrería cumple 700 años del inicio de aquel renovado trazado urbano que iniciaba su repoblación en aquel verano de 1321, ¡felicidades!
Rafael Arrizabalaga Lizarraga es arquitecto
Foto Jesús Garzarón.