CIGA EN LA JUNTA DE BAZTÁN
Interesante artículo de Pello Fernández Oyaregui, publicado por DIARIO DE NAVARRA el 7 de diciembre de 2022
Con motivo del centenario de las pinturas que Javier Ciga realizó para la Junta General de Baztán (1922-2022), el autor analiza esta decena de obras. A través de ellas, el artista dotó a la Junta de un programa visual acorde con su esencia
PELLO FERNÁNDEZ OYAREGUI
L A evolución política y administrativa de la Junta General de Baztán ha estado marcada por la constante pérdida de competencias a lo largo de la historia. La Junta General es la máxima institución del valle y la única que es inclusiva, ya que engloba en su seno a todas las instituciones y cargos representativos: Ayuntamiento (alcalde y doce concejales), Jurados (representantes de los quince Lugares, elegidos en sus respectivos Batzarres) y cuatro Junteros correspondientes a los cuarteles en los que histórica y administrativamente se divide el valle: Baztangoiza, Elizondo, Erberea y Basaburua.
Este complejo entramado administrativo se rige por las Ordenanzas, Cotos y Paramentos, que debían ser la auténtica Constitución o Carta Magna del Baztán. A lo largo de todo el siglo XVI, los pueblos tuvieron sus propias Ordenanzas con poder ejecutivo y litigaron en defensa de sus derechos e intereses contra distintas instituciones (Monarquía, Iglesia, Ayuntamiento) y particulares.
Las primeras Ordenanzas, Cotos y Paramentos comunes para todo el valle, datan de 1603 y se han ido reformando a lo largo de los siglos hasta la actualidad. Tanto la Junta General como los Batzarres han ido perdiendo su poder ejecutivo en favor del Ayuntamiento, a la vez que las Ordenanzas han pasado de ser “norma suprema” a mero reglamento municipal. Estos ataques a las instituciones específicas y privativas de Baztán, han venido por el afán uniformizador tanto a nivel estatal, foral e incluso municipal.
A este proceso homogeneizador contribuyeron los siguientes hechos: Constitución de 1812 con el nacimiento de los modernos Ayuntamientos, Ley Paccionada de 1841 y la consiguiente pérdida de la condición de Reino de Navarra, las ordenanzas de 1926 y 1967 en las dictaduras de Primo de Rivera y Franco respectivamente —donde desaparecen los pueblos, que fueron degradados a la condición de lugares—, todo esto supuso una constante reducción de competencias y de poder ejecutivo en favor del Ayuntamiento, que es el órgano común y competente en la organización municipal estatal. El último golpe asestado fue en 1983, pasando la facultad de aprobación de los presupuestos municipales de la Junta General al Ayuntamiento.
A esto tenemos que añadir las leyes y planes de actuación supramunicipales de rango superior, que van en contra de la autonomía municipal y que por lo tanto reducen el poder de esta institución. De tal manera que, en la actualidad, la Junta General de Baztán ha visto totalmente aminorada su capacidad de ejecución, convirtiéndose en un mero gestor y guardián de los bienes comunales y su aprovechamiento. De cara al futuro, es tarea primordial para la comunidad baztandarra, la devolución de las competencias que en su origen tuvieron tanto la Junta General como las Ordenanzas del valle.
Obra pictórica de la Junta General de Baztán
Tras las investigaciones realizadas en el Archivo Municipal de Baztán y en el estudio ‘in situ’ de la obra, podemos corroborar que la obra que Ciga realizó para la sala de la Junta General, no son sólo diez paisajes para decorar sus paredes como hasta ahora se creía, sino todo un programa iconográfico con un significado iconológico, político e institucional, que nos retrotrae a la importancia del ‘sancta sanctorum’ de la política baztandarra que es la Junta General, dotándole de un programa visual acorde con su esencia, al ser la máxima y más genuina institución política del valle.
A todo esto tenemos que añadir dos cuadros más: Escudo de Navarra y Alegoría de la Unión de Baztán, uniendo así las instituciones del Valle con la organización político-administrativa del Reino de Navarra. Todo ello lo materializó y completó con un friso que va pegado al techo, donde además de los motivos ornamentales, se incardinan los ocho escudos correspondientes a las seis merindades históricas, más los escudos de Baztán y de Navarra.
Esta organización indica que se trata de un programa muy bien pensado y coherente, donde la institución baztandarra por excelencia, que es la Junta General, órgano superior político y administrativo, se entronca con las Merindades, que es el sistema institucional genuino de la administración de Navarra desde la Edad Media, incluyendo la sexta merindad o de ultrapuertos, perdida definitivamente en 1530, pero próxima a Baztan por su cercanía geográfica, lengua y relación afectiva entre sus gentes. El friso recorre longitudinalmente todo el techo al que va pegado (técnica conocida con el nombre de marouflage) y está pintado al óleo sobre lienzo.
Como suele ser frecuente en este tipo de decoraciones, los elementos ornamentales son roleos, volutas, motivos de tipo vegetal, molduras mixtilíneas, veneras, hechos con gran perfección, dándole el empaque y prestancia requerida, acorde con la importancia del espacio decorado. Destaca su virtuosismo técnico en la utilización del efecto de la grisalla, con su juego de luces y sombras, que le dan verismo, efecto escultórico e ilusionismo espacial. Merece mención especial el enmarcamiento de los escudos, realzando la importancia de cada uno de los temas heráldicos que dan sentido al conjunto.
La obra Alegoría de la Unión de Baztán posee un claro carácter simbólico, con un significado político e institucional; representa la unidad de los distintos pueblos del valle, que conforman un solo ente político en su forma jurídica de Universidad. Mediante un lenguaje alegórico-simbólico, coloca en el centro de la escena un tondo en el que aparecen, sobre un fondo de nubes dos “putti” (angelotes alados de carácter mitológico), que entrelazan sus brazos simbolizando la Unión; en las manos portan sendas bandas de tela y una lanza, símbolos de poder. Rodeando el círculo aparece la leyenda “La Unión es Fuerza”, dejando claro el mensaje de la obra. La escena está rodeada por dos ramas de roble a modo de orla, unidas en su parte inferior por un lazo, que enfatiza la misma idea. Así mismo, el roble con sus frutos refuerza este sentido simbólico. A ambos lados en una filacteria, se pueden leer epigrafiados (con grafía castellana), siete a cada lado, los catorce pueblos que conformaban el valle cuando fue pintado por Ciga en 1922.
Como curiosidad, cabe destacar que en la restauración de 1986 se añadió en el espacio central, que quedaba libre, el decimoquinto pueblo, Amaiur, que se unió en 1969, y que fue inscrito como Maya.
Junto a todo esto, aparece la representación de distintos lugares del Baztan, que constituyen la referencia visual del propio valle. Son una serie de diez paisajes de gran formato y distintas medidas en óleo sobre lienzo. En el paisaje de Baztán, es donde Ciga encontró ese locus o lurra, referencial; con su visión intimista, emocional y vivencial sublimando el mero modelo del natural, para llegar a una expresión honda y trascendente. Podemos considerar a Ciga como un auténtico precursor y antecedente de la larga lista de pintores de la denominada Escuela del Bidasoa, enmarcados en el foco de Baztan, ya que fue el primero que de forma sistemática y continuada, pintó los distintos rincones del valle, con ese bucolismo que le caracteriza y define. Montañas sinuosas, verdes multitonales, caseríos blancos que ponen el contrapunto geométrico, manchas de color de la frondosa foresta, dorados maizales, marrones y rojizos helechales; todo ello aderezado con esa sensación de humedad, plasmada en esos grises, malvas y sobre todo en el tratamiento de la luz tamizada, envolvente, sugestiva, o en el rabioso colorido del otoño baztandarra. En esta obra, parte del dibujo firme para evolucionar hacia formas impresionistas, postimpresionistas y constructivistas.
Entre los distintos paisajes, destacan: Vista de Irurita, muy interesante por su ordenado geometrismo del caserío, que contrasta con la mancha de color y el elemento vertical de la torre de la iglesia. Puerto de Belate muestra la gran riqueza cromática del otoño en Baztán con un empleo valiente del color con tonos rojizos, naranjas, malvas, morados, etc. Peñas de Irlintzi, caracterizado por un interesante tratamiento del roquedo, escarpado y desnudo de vegetación, dándole un aire de modernidad. Paisaje de Baztán con brumas refleja muy bien la atmósfera húmeda, las nieblas en movimiento (iper lainoak), las distintas matizaciones de verde según la incidencia de la luz, rematando con los juegos lumínicos sobre el agua cristalina.
Esta obra presenta otra particularidad, la imagen oculta que guarda en su interior, que ahora está emergiendo (imagen recobrada). Ciga reutilizó el lienzo, ya que debajo de este paisaje, pintó un boceto de la anteriormente citada obra Alegoría de la Unión de Baztán. Así se pueden observar las figuras mitológicas o ‘putti’ y las filacterias con los nombres de los pueblos del valle. En la obra Puente de Elbete utiliza este elemento arquitectónico para hacer un interesante ejercicio de perspectiva mostrando así la profundidad marcada por el curso del río y el paisaje del fondo, en la parte superior derecha incluye el elemento humano de manera anecdótica. En las demás obras se recogen distintos parajes del hermoso paisaje baztandarra, con las características anteriormente mencionadas, que forman un conjunto único de excepcional belleza y valor pictórico.
Otros datos sobre la obra
La obra fue realizada a lo largo del verano y otoño del año 1922, coincidiendo con la habitual estancia estival del pintor en el valle. Consultadas las actas municipales del dieciséis de mayo, siendo alcalde del Valle de Baztán, Don Francisco Goyeneche Echandi, se le encarga a Ciga un proyecto y presupuesto para la decoración pictórica de la sala de la Junta General.
En la sesión del 27 de junio, se da constancia de dos proyectos remitidos por el pintor, uno de carácter más modesto y que ascendía a 1850 pesetas, y otro de carácter completo de 4.850 pesetas y se faculta al alcalde para que sea tratado el tema con el propio pintor Ciga.
Ya no aparecen más alusiones al tema, pero por la envergadura del trabajo debemos colegir, que fue este segundo proyecto el más completo, el que finalmente se ejecutó. En el año 1986, coincidiendo con la reforma integral de la casa consistorial, se acometió una profunda restauración de las pinturas de los paisajes separándolas del muro y convirtiéndolas en pinturas exentas y fijando los escudos y orla ornamental del techo, que estaban muy deteriorados por las goteras. Se adjudicaron estos trabajos por valor superior al millón de pesetas, al experto restaurador, Don José María Rodríguez Azcárate.
Además de este conjunto pictórico, y en la misma casa consistorial debemos mencionar otras dos obras de Ciga: Retrato del Doctor Balda (uno de los mejores retratos del pintor tanto por su captación psicológica como por su virtuosismo técnico) y Diploma conmemorativo del VII centenario de la Batalla de las Navas de Tolosa. Con todo ello, el Ayuntamiento de Baztán atesora este gran legado pictórico de Javier Ciga, que debe ser puesto en valor y conocimiento de todos los baztandarras para su goce y disfrute. Para ello recientemente se han hecho unas visitas guiadas y una publicación que recoge este valioso patrimonio artístico.
+ Pello Fernández Oyaregui es historiador del arte y presidente de la Fundación Ciga.