IV Domingo de Adviento, ciclo B (Lucas 1, 26-38)
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IV Domingo de Adviento, ciclo B (Lucas 1, 26-38)
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II Domingo de Adviento, ciclo B (Jn 1, 6-8. 19-28)
La alegría surge como consecuencia de poseer el bien amado. La alegría cristiana es fruto del Espíritu Santo, porque no responde a ningún bien que podamos conseguir con nuestro esfuerzo, sino que se nos da con el mismo amor de Dios.
Juan Bautista también se nos
presenta como modelo de la verdadera alegría. Casi podríamos decir que su
austeridad viene exigida por su deseo de permanecer en la alegría. Como el
Siervo descrito por Isaías, puede decir que desborda de gozo con el Señor y se
alegra con su Dios. Frente a ello, todo lo demás se vuelve superfluo. Su
alegría se trasluce también en anuncio de buena noticia para los demás. El don
recibido de Dios se comunica a los demás, multiplicándose la alegría. Juan, en
efecto, lleva una buena noticia a los demás y, al anunciarles la conversión,
hace que nazca también en ellos la alegría.
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Qué mejor comienzo podía tener este Adviento y Nuevo Año Litúrgico, que el ser “apadrinados” por Nuestro Santo Patrón San Francisco Javier. Así se presentó en el presbiterio de nuestra seo pamplonesa, acompañando junto a la Corona de Adviento, a Santa María la Real.
II Domingo de Adviento, ciclo B (Mc 1,1-18)
Isaías, siglos antes de Cristo, proclama: «Consolad, consolad a mi pueblo». Lo que a ellos se anunció como profecía nosotros lo recibimos ya cumplido, pues conocemos lo que Cristo ha hecho por nosotros y cómo se ha ofrecido por nuestros pecados. Por ello tenemos a la vista que en Él nuestro crimen ha sido pagado. En Él hemos sido rescatados. Aun así, necesitamos las palabras consoladoras de Isaías, porque en nuestro corazón hay heridas y no siempre tenemos ante los ojos «al Señor que llega con poder».
Por otra parte, Juan Bautista llama
a la conversión, es decir, a volverse hacia Dios y a no descuidar en ningún
momento que la salvación nos viene por Cristo.
El Adviento nos sitúa entre esos
dos polos. Necesitamos la gracia de Dios para ser transformados, pero podemos
ya estar alegres por conocer su amor.
(Fuente: David Amado Fernández, revista Magníficat)
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Solemnidad de la Inmaculada Concepción (Lucas 1, 26-38)
Lecturas para la Misa de esta Solemnidad
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Un año más, el Rosario de los Esclavos amplía su recorrido en el quinto misterio y parte de las letanías en el incomparable marco del ...