IV Domingo de Cuaresma C (Lucas 15, 1-3.11-32)
En la parábola conocida como del hijo pródigo o del padre misericordioso, Jesús desactiva cierta idea de conversión que pudiera reducirse a un esfuerzo del hombre por alcanzar la santidad por sí mismo y merecer, por ello, la salvación.
La parábola nos advierte sobre dos peligros: el de sentirnos tan envilecidos por nuestras faltas que desesperemos, y el de la arrogancia que alimentamos cuando queremos ser reconocidos por nuestros méritos y nos cerramos al amor gratuito que se nos ofrece. Esta última actitud también puede llevar al endurecimiento del corazón que se cierra a la misericordia. Por el contrario, al descubrir el corazón del Padre y dejarnos amar por él, aprendemos también a ser compasivos y misericordiosos como él.
(Fuente: David Amado Fernández, revista Magníficat)
Lecturas de la Misa de este Domingo.

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