El Rosario mismo, considerado en su sentido profundo, bíblico y cristocéntrico, que he recomendado en la Carta apostólica Rosarium Virginis Mariae, puede ser una ayuda adecuada para la contemplación eucarística, hecha según la escuela de María y en su compañía.
Juan Pablo II, Carta apostólica Quédate con nosotros, Señor, 18.

No hay comentarios:
Publicar un comentario