XVIII Domingo, tiempo ordinario, ciclo A (Mateo 14,13-21)
Jesús, anticipando lo que será el misterio de la Iglesia, implica a los discípulos en el milagro que realiza. Son ellos los que, ante lo que se suscita en torno a su Maestro, han de dar respuesta. Si aparece una multitud y es tarde y se encuentran en descampado, lo obvio, desde la nueva mirada que establece Jesús, es que hay que alimentarlos. Los discípulos han de aportar lo poco que tienen y son los encargados de repartirlo y aun de recoger lo que sobre. Es decir, son los que más han de admirarse y, por tanto, también los más agradecidos. De los demás sabemos que han comido. Los discípulos no solo han visto y oído, sino que el Señor ha contado con ellos para realizar el milagro. Han sido educados en la compasión de Jesús para que, cuando él ya no sea visible, tengan la certeza, como recuerda san Pablo, de que él sigue cerca, de que nada puede separarnos del amor de Cristo y de que «en todo vencemos de sobra gracias a aquel que nos ha amado».
(Fuente: David Amado Fernández, revista Magníficat)
Lecturas de la Misa de este Domingo.
https://www.dominicos.org/predicacion/homilia/2-8-2026/lecturas/

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